Como una infidelidad, conllevo a otra, y con esto... llegar a la obsesión!...

sábado, 17 de marzo de 2012

Prologo

La pluma empezó a recorrer lentamente mi labio inferior. El roce era extremadamente ligero y sutil, pero bastó para prender una llamarada por todo mi cuerpo y arrancarme un tembloroso gemido.

La siguiente caricia fue en el labio superior, y mi cuerpo desnudo respondió con un violento espasmo que anticipaba el placer inminente.

La pluma descendió por mi barbilla y cubrió mi cuello de un lado a otro. Todo con una desesperante lentitud.

De repente se detuvo, y durante cinco interminables segundos contuve la respiración a la espera de lo que sucedería a continuación. La venda que me cubría los ojos me impedía ver nada, pero al mismo tiempo agudizaba mis otros sentidos al máximo. Podía oírlo y olerlo todo. Lo único que se oía era mi respiración entrecortada y el zumbido del ventilador en el techo. Pero los olores eran mucho más ricos e intensos. Podía oler el deseo que impregnaba el aire en forma de calor y humedad. Y podía oler el sudor que le empapaba la piel. Una fragancia almizclada, embriagadora e increíblemente excitante.

Sentí el roce de la pluma en el pezón izquierdo y respondí con un respingo involuntario, tirando de las ligaduras que me ataban de pies y manos a la cama.

— ¿Te gusta? —me preguntó.

—Sí —respondí con una voz apenas audible—. Sí —repetí, más alto.

Me retorcí en la cama y gemí con ansiedad. Anhelaba sus caricias más que nada.

—Paciencia, bella —murmuró él.

—Para ti es muy fácil decirlo, teniendo el control absoluto sobre mi cuerpo.

— ¿Te he decepcionado alguna vez?

—No —respondí con sinceridad—. Nunca.

—Y tampoco te decepcionaré ahora.

La pluma me tocó entre las costillas y se hundió en el ombligo. Desde allí continuó su imparable y lento descenso hasta el vello púbico, y volvió a detenerse cuando yo más necesitaba su tacto.

—Por favor… —gemí—. No me hagas suplicar.

Él no respondió y dejó pasar varios segundos sin hacer nada. Lo único que se oía eran los zumbidos del ventilador del techo, hasta que oí sus pisadas en la alfombra y el chirrido de la puerta de la habitación.

¿Iba a dejarme allí?

Conté diez segundos más y empecé a retorcerme contra los nudos que me retenían, pero eran demasiado fuertes e impedían mis movimientos.

Entonces volví a oír el sonido de sus pisadas y solté el aire ruidosamente.

— ¿Creías que iba a dejarte ahí para ver un partido de béisbol? —me preguntó él.

No respondí, pero eso era precisamente lo que había temido. Que me dejase atada a la cama, desnuda e incapaz de moverme hasta que él decidiera soltarme. No era la primera vez que estaba en sus manos, pero nunca había sentido tanto miedo.

¿Por qué?

Porque él no parecía ser el mismo. Desde el momento de mi llegada había percibido algo distinto en sus miradas y caricias. Una intensidad especial, oscura, incluso inquietante.

—Nunca te dejaría —dijo él—. Tú y yo estamos unidos por una fuerza incontrolable.

Tragué saliva. Su voz sonaba extrañamente siniestra, o tal vez yo estaba especialmente sensible al encontrarme atada y con los ojos vendados. Inquieta… y extremadamente excitada.

— ¿Confías en mí? —me preguntó, muy cerca de la cama.

Moví las caderas para tentarlo con la imagen de mi sexo y mis piernas abiertas.

—Tócame —le pedí con voz jadeante—. Tócame antes de que me vuelva loca.

— ¿Confías en mí? —repitió. Sentí el peso de su cuerpo en la cama, pero no supe situarlo.

Sí… Confío en ti.

— ¿Completamente? —su aliento me acarició el clítoris y a punto estuve de correrme.

—Sí… Sí… Confío en ti completamente. Pero tócame, por favor…

Grité al sentir algo frío y mojado en el clítoris. La sensación me desconcertó, pues esperaba recibir el calor de su lengua.

Volví a sentir el tacto en la cara interna del muslo y deduje que se trataba de un cubito de hielo.

—Me pregunto si podría hacer que te corrieras con esto —dijo él en voz baja, acariciándome de nuevo el clítoris.

—No sé… Me gusta, pero está muy frío…

La cama crujió al levantarse. ¿Adónde iba ahora?

—Por favor…

Sus labios rozaron los míos y todo el cuerpo se me estremeció al saborear el frío y la humedad que había dejado en ellos el hielo. Me moría por tenerlo encima de mí, dentro de mí, follándome hasta dejarme sin sentido.

Me besó en la mandíbula y llevó la lengua hasta el lóbulo de la oreja.

— ¿Me quieres?

—Quiero todo lo que me haces —respondí rápidamente. Era cierto. Lo deseaba de un modo casi enfermizo—. Aunque me hagas esperar por ello…

El hielo me tocó el pezón y todo el cuerpo se me contrajo inconscientemente. Un segundo después sentí el roce de su lengua, ligero y fugaz, y arqueé la espalda para acercar mis pechos a su boca.

— ¿Me quieres? —repitió.

Lentamente, volvió a posar la espalda en el colchón. Definitivamente no era el mismo aquel día. ¿Por qué me preguntaba si lo quería, conociendo mi situación y las circunstancias en las que nos habíamos conocido?

—Sé que te encanta esto —murmuró él, frotándome el clítoris con el dedo pulgar.

—Mmm… Sí —empecé a jadear, cada vez con más fuerza—. Nunca podría cansarme de tus manos…

— ¿Y de mi lengua? —se colocó entre mis piernas y yo me mordí el labio con expectación. En cuanto sentí su lengua, di un brinco y empecé a gemir.

—Me encanta tu lengua… Me vuelve loca…

Me lamió y sorbió hasta llevarme al límite del placer, pero en el último instante se apartó y me dejó a punto de explotar.

—No, no, no… por favor —le supliqué—. Te necesito…

— ¿Me quieres? —volvió a preguntarme.

— ¡Sí! —grité—. Te quiero, te quiero, te quiero…

—Yo también te quiero, nena —me desató las piernas y se las colocó sobre los hombros para chuparme, lamerme, morderme e introducirme la lengua, devorándome con una voracidad salvaje, como si mi sexo fuese la última comida que fuera a saborear en su vida.

El orgasmo me sacudió con una fuerza insólita, como nunca antes había experimentado. Consumió hasta la última gota de mis energías y me dejó sin aliento y temblorosa, completamente exhausta, como si un tren acabara de pasarme por encima.

Pero a pesar del incomparable placer que embriagaba mis sentidos, me di cuenta de que algo había cambiado entre nosotros.Y no estaba segura de que el cambio, fuera para mejor.


"Hey chicas, bueno este es el prologo, tenía planeado subirlo mañana pero, estoy tan feliz que decidí adelantarlo un día, espero que les allá gustado, comenten y, nos leemos en el primer capítulo, gracias por leer, Os quiero! ;D"


3 comentarios:

  1. Wooorale :oooo que IM-PAC-TAN-TE ,se ve genial! Me dejó varias dudas 0.o,wow wow wow...cómo? Por qué? Cuando? Quienes??? O.O ,>.< ugghh intriga! XP ,pero si ESTA GENIAL :D jaja NOS VEMOS Mika :P

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  2. Mrk, estas para crear un libro porno... jajajajajaja xD
    Adivina quien a vuelto? YOOOOOOOOOOOOOO!

    la chica del "Chico de trenzas Wiiiiiiiiii"

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